Prólogo a la declaración de un problema
- jose arturo aragon lopez
- 24 may
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Durante los años de formación médica, el sistema ha sido excelente en enseñarnos la teoría y la práctica. Se dio a la tarea de crear un temario que nos ayude a resolver los problemas de salud que se presenten en nuestro consultorio. Fueron excelentes en eso. ¡Bravo! Un día, después de muchos años, por fin completas los desafíos académicos. Pasaste lista y te entregaron tus documentos. Vinieron las fotografías, sentiste orgullo y entonces te dan la bienvenida al mundo real. Es tu turno de capitalizar todo este conocimiento. El problema: no recibiste ningún entrenamiento para eso. No te enseñaron cómo atraer al primer paciente y conseguir el segundo. No pensaron lo útil que sería para ti saber: ¿cómo empiezo? Ciertamente, después de muchos años de ser hámster de laboratorio, recitar libros y artículos, nos quedamos solos ahí afuera.
Esta carencia en la preparación expone el mismo problema en dos momentos cruciales:
El primer momento ocurre cuando empezamos y no contamos con una guía que nos indique qué hacer. Durante esta etapa, los primeros encuentros con el ecosistema de la medicina privada suelen ser experiencias ajenas a lo aprendido en las aulas, y una buena parte de las decisiones acertadas están precedidas por un número significativo de errores a causa de decisiones improvisadas.
El segundo momento surge cuando tenemos éxito y todo parece estar funcionando, pero desconocemos cuáles sucesos nos condujeron a esa situación. En este escenario, es habitual que se muestre una confianza excesiva y que no se consideren las variables que pueden afectar la regularidad de la consulta. Conocida como «la falacia del éxito», esta tendencia consiste en pensar que una serie de éxitos llevará a una secuencia ininterrumpida de logros, cuando los resultados pueden deberse al azar o a la convergencia de factores sobre los cuales no tenemos intervención activa. Esto es todavía más arriesgado: creer que, si todo va bien hoy, siempre será así. Por lo tanto, cuando surgen problemas de productividad, no sabemos detectar la causa. No existe un plan de acción para ello.
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